sábado, 1 de enero de 2022

“Crass: Tienen una bomba”. El punk más allá de crestas e imperdibles.

 

En una reedición ampliada y corregida, este libro refleja la naturaleza de la banda inglesa punk que dejó huella, más allá de por su enérgico y virulento sonido, por construir todo un entramado de propuestas con las que transmitir un compromiso político y moral.





Si siempre es una tarea complicada, y hasta cierto punto inútil, delimitar y definir una generación o una escena musical concreta, todavía más arriesgado significa hacerlo alrededor del punk, un movimiento que ya desde su nacimiento proclamó su efímera existencia y su propósito de dejar un cadáver poco agraciado. Que esas fueran sus intenciones, o por lo menos así manifestadas, no supone que sus enseñanzas, ejemplos y actitudes no hayan tenido un recorrido mucho más largo de lo esperado por sus propios protagonistas. De todo aquel legado, lo más relevante, o lo que mayor implantación ha logrado obtener en generaciones venideras, es la capacidad para construir uno mismo su propio sueño, sin grandes apoyos externos e incluso sin la necesidad de exquisitos talentos, o dicho de otra forma, el llamado “Do It Yourself”. Un término, de valía formal en sí mismo, que sin embargo ha sido recogido por norma general desposeído de una carga social. Pero eso no es sinónimo de que, durante los ardientes coletazos dados por la década de los setenta en el Reino Unido, no brotaran bandas que hicieran de su llamamiento a la movilización y la acción directa un aspecto vital de su idiosincrasia. Tal es el caso de Crass, grupo nunca aupado junto a esos nombres representativos del género pero quienes nunca han dejado de ser tenidos en cuenta cuando de lo que se trata es de reflejar el lazo irrompible entre música y militancia.

La importancia que este colectivo -por usar la terminología que ellos utilizaban- ha ido acumulando con el paso del tiempo se demuestra en el mismo hecho de que contemos en pleno 2021 con una tercera edición de este “Crass: Tienen una bomba” (La Felguera Ediciones), donde se compilan desde letras a panfletos, collages, entrevistas o, lo más importante, algunos de los escritos publicados por la formación y que dan luz a las peculiaridades y la determinación con la que estos jóvenes ingleses se comportaban. Un origen que hay que buscarlo en lo que más tarde sería el auge de las llamadas casas okupas, y que por aquel entonces eran lugares donde se vivía de manera comunal. Precisamente en una de ellas, instalada en Epping (Essex), iba a surgir la entente entre Penny Rimbaud, máximo voceras de la banda y por aquel entonces ya involucrado en subversivos proyectos culturales, y Steve Ignorant, que espoleados por el candente ambiente musical generado a su alrededor emprendieron unos primeros pasos que pronto desembocarían en este aguerrido grupo.

Que a lo largo de las páginas del libro no nos encontremos con pormenorizados análisis de los álbumes de la banda, ni demasiados ni profusos intentos por conectar su estilo a tradiciones o representaciones coetáneas, no es tanto un déficit de la obra sino simplemente el reflejo de una propuesta que centraba su mayor trascendencia en aquello que les hizo distintivos y particulares: un alto compromiso político, social y ético. Tanto es así que, pese a que su estilo era de un carácter acelerado y salvaje, sus proclamas eran lanzadas casi en dirección contraria, porque pese a alzar siempre la voz y lanzar afiladas andanadas contra el stablishment, en el que rápidamente incluyeron a “colegas” como Sex Pistols o The Clash, su decálogo entre otras causas contenía una irrenunciable posición pacifista que, junto a otras defensas poco -o mas bien nada- habituales como las del feminismo, ecologismo o antiracismo, les constituyó en pioneros del anarcopunk.

No hay sin embargo en el contenido de esta obra un intento por elaborar un panegírico o similar, ya que del puño y letra de los interesados no se arredran a la hora de mostrar unos debates internos, cargados de autocrítica, que perseguían el mayor grado de honestidad y coherencia posibles con su postura, lo que les llevó, en no pocas ocasiones, a replantearse su manera de hacer y entender la música. Pero no acaban ahí las reflexiones propias, tanto es así que tras varios excesos etílicos frente al público, decidieron tomar una postura más “profesional” y abogar por una vida sana. Más relevantes e impactantes resultan todavía las rotundas aclaraciones que se recogen, a modo de prefacio al relato-ensayo ”El último de los hippies”, presentado junto a su álbum «Christ – The Album” (1982) y en el que se plasmaban muchos de los objetivos de la banda, y donde su autor, Penny Rimbaud, reniega de cierto romanticismo entorno a su inquebrantable conciencia pacifista o a la hora de considerar al rock and roll como un elemento clave en el propósito de revolucionar y destruir las normas burguesas.

Fue precisamente el carácter menos (auto)destructivo y en contraposición el empeño por tejer redes de solidaridad, pese a partir de la absoluta inviolabilidad de la libertad personal, que exhibía Crass lo que les convirtió en unos habituales a la hora de ser vigilados, y perseguidos, por las leyes. Sus actuaciones y apariciones, siempre plagadas de proyecciones de vídeos y otros tantos mecanismos al margen de la música que animaban el debate y la concienciación, tuvieron que convivir con la continua vigilancia del Gran Hermano, quien no dudó en lanzar sus redes represivas en varias ocasiones, incluso llevando el nombre de la banda a los debates parlamentarios. Un escenario marcado por continuos ataques y contraataques que deparó algún episodio entre lo surrealista y la estrategia geopolítica mundial, como fue su logro de hacer pasar por real una conversación entre Thatcher y Reagan, previamente manipulada, con la Guerra de las Malvinas como telón de fondo, uno de los objetivos más insistentemente golpeados por la actitud de la banda.

Lo que se extrae con clarividencia tras leer “Crass: Tienen una bomba” es que no solo estamos ante un grupo que por sus características se presenta como una especie en sí misma dentro del movimiento punk, sino que pocas formaciones como ellos han hecho gala de una unión tan indisoluble entre arte y reivindicación a lo largo de la historia. Definición que les hace ser un claro ejemplo para todos aquellos creadores que entienden que su obra debe estar ligada íntimamente a su compromiso individual. Pese a las inevitables contradicciones o problemas internos, este colectivo demostró algo que siempre ha sembrado el pavor en las esferas de poder: la demostración de que la unión es posible y puede alcanzar resultados. Crass nunca renunció a esa lucha, y a pesar de ser conscientes de que eso les cerraba las puertas del éxito y el reconocimiento público, jamás dejaron de creer que bajo los imperdibles y las crestas también se podía encontrar la arena de la playa.


Extraído de: https://www.tercerainformacion.es/articulo/cultura/28/12/2021/crass-tienen-una-bomba-el-punk-mas-alla-de-crestas-e-imperdibles/?fbclid=IwAR1iDvEYbU3Plt1ScibVhBxJNCeJX0RW_C7aUVHUJQI3Bhr73NoZ8HEKXaU

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