Bad Beach, Brixton, 1984, por Paul May
Érase una vez, el punk inglés significaba violencia, pasión,
compromiso político y una visión pasada de moda de la higiene personal.
No significaba ese cantante de The Drums, con su iPhone de última
generación y la gira del Quiero y No Puedo patrocinada por Catalana de
Gas (o lo que caiga esa semana). Queridos amigos, estamos hablando de
los ochenta.
Por suerte, hubo alguien que se mantuvo alejado del pegamento, el
speed y litros de cerveza para lograr escapar de los males de esa década
salvando una serie de recuerdos coherentes. Ian Glasper ha rememorado
toda esa época en una trilogía de libros que conforman el documento
definitivo del punk en Inglaterra en la década de los ochenta.
El libro de Glasper, Burning Britain: The History of UK Punk
1980-1984 [La history del Punk en Reino Unido 1980-1994], The Day the
Country Died: A History of Anarcho Punk 1980-1984 [El día que murió el
Country: una history del anarco-punk] y el ultimo Trapped In a Scene
[Atrapado en un escenario] son de lectura obligatoria para cualquiera
que tenga un mínimo interés por el punk rock del Reino Unido.
Glasper recrea la vida de esa época, algo que interesará a cualquiera
que esté interesado por los flecos de la cultura de masas de la época
de Maggie Thatcher.
Ian no sólo contestó a nuestras preguntas estúpidas, sino que también
nos envió un montón de fotos inéditas que podrás ver ahora por primera
vez.
Vice: Hola Ian. ¿Qué tiene de especial el punk de Inglaterra para ponerte a escribir tres libros?
Ian Glasper: Ese acento cockney tan gracioso, claro. Bueno, ahora en
serio, una vez diseccionado el punk –guitarras, voz, energía e ira– no
hay mucha diferencia entre países. Yo creo que lo hice porque estaba
viviendo en Inglaterra en ese momento.
Has dividido la historia del punk en tres épocas. ¿Tienes una favorita o todas son tu niña bonita?
Bueno, probablemente el panorama anarco-punk de principios de los
ochenta me influyó más que otra época y creo que esos grupos han
aguantado mejor el tirón que otros con el paso del tiempo. Debe ser
porque muchos de esos grupos se separaron al principio y se negaron a
volver a juntarse. La época que cubre el último libro, en el que analicé
la escena hardcore de Inglaterra de finales de los ochenta, fue donde
me empecé a involucrar más con los grupos. Me junté con muchos de los
grupos del libro, me sentía como uno más y no como un simple espectador,
así que esa época también fue muy especial para mí.
¿No te resultó difícil seleccionar material entre todas las fotos,
algunas muy buenas y otras estúpidas, que hay en los libros o eres la
clase de tío que tiene un montón de fotos y flyers clasificados por
nombre y fecha?
No sabes lo difícil que fue. Para el último libro, saqué muchos flyers
de mi colección personal pero sólo tuve cámara de fotos ahora y cuando
era joven y, en esa época, cuando la llevaba a algún concierto, solía
perderla. Pasé mucho tiempo buscando fotos o buscando al tipo que la
había sacado, para poder citarle bien en los créditos. Empecé a
recopilar fotos que no sabía de dónde había salido, así que pasé mucho
tiempo tratando de identificar lugares y personas. Soy muy quisquilloso y
quería hacerlo bien, para que el libro estuviera lleno de documentos
históricos fieles a la realidad.
¿Encontraste algo extraño cuando empezaste a hacer los libros?
Algunas cosas. Por ejemplo, maquetas inéditas que nunca había oído o al
menos, que nunca había tenido. A lo largo de los años, han pasado muchas
cosas por mis manos y estuvo bien recordar algunas de esas canciones y
acordarme de por qué me gustaban tanto. Siempre mola ver una fotografía
realmente impresionante de un directo, sobre todo si es inédita y se
publica en exclusiva para el libro. Intento recopilar cosas que resulten
inéditas hasta para los fanáticos más acérrimos.
¿Hay algo que quisieras haber publicado en los libros pero que no has podido?
Hay un par de entrevistas que me hubiera encantado publican en los
libros: la de Wattie de The Exploited para Burning Britain, Vi Subversa
de Poison Girls para The Day the Country Died, y Shane Embury de Napalm
Death para Trapped In a Scene. No las pude publicar porque estaban muy
ocupados y no podía esperar a que tuvieran tiempo para darme los
permisos. Salen bastante en los libros, pero hubiera estado bien incluir
esas entrevistas para que estuvieran más completos.
Death Warmed Up, Mermaid, 1987, foto de Andy Giles
Trapped In a Scene trata de la época más analizada, y seguramente la más interesante, del punk en Inglaterra: el final de los ochenta.
A finales de los ochenta había mucha energía y muchas ganas de
comerse el mundo. Parecía que podíamos destacar pero realmente estábamos
papando moscas.
Acabaste tocando con Flux Of Pink Indians. ¿Qué sentías al tocar en un grupo sobre el que habías escrito libros?
Flux Of Pink Indians están muertos, ¡ya es oficial! A Colsk no le
interesaba seguir tocando en directo, así que todo se fue a la mierda
pero me lo pasé muy bien las cuatro veces que tocamos entre 2007 y 2008.
Era bastante surrealista tocar "Tube Disaster" con ellos. Aprendí a
tocar el bajo peleándome una y otra vez con esa canción durante 25
años. Todavía pienso que Strive to Survive Causing the Least Suffering
Possible es un gran LP anarco-punk, así que fue todo un honor para mí.
¿Algo que te llamara la atención cuando estabas documentándote para los libros?
Muchos fliparon cuando se enteraron de que Wizz, el ex cantante de
Generic, había intentado secuestrar a una niña, pero lo que más me
sorprendió fue lo de los locos de Sons of Bad Breath, cuando arrojaron
un retrete lleno de mierda por la ventana desde el tercer piso de una
casa okupa de Hackney. Aún me río siempre que lo recuerdo.
Desgraciadamente, lo que más me llamaba la atención era cuando mis
propios grupos se relacionaban con skinheads y con los últimos coletazos
de la violencia más ultra. Cuando tocaba con Decadence Within, un
concierto terminó en una batalla campal en la que apuñalaron a dos
miembros del público, arrestaron a unas 20 personas y nos vetaron en
todos los rincones del país durante una época. Llenamos los titulares de
los periódicos en esa época. Volvimos a aparecer en las portadas cuando
tocamos con un grupo que habían decidido llamarse SS Experiment Camp
con la esperanza de llamar la atención. Y funcionó, pero nunca pudieron
tocar en ningún sitio por eso.
A los grupos anarco les encantaba despotricar. ¿Crees que alguno de los
ideales que en esa época defendían grupos como Crass se han asimilado
por parte de la sociedad?
La primera vez que me volví vegetariano en 1981, fui de los primeros del
colegio en hacerlo. Me llamaban "Reg the Veg" y todos intentaban
hacerme comer bocadillos de jamón en el recreo. La opción vegetariana
era comer lo que comía todo el mundo, excepto carne. Toda la cultura de
lo vegetariano vino después —ahora estamos por todas partes, somos como
la peste. El anarco-punk tiene la culpa de esto, estoy seguro. No nos
olvidemos de la –presunta– prohibición de cazar zorros y los años que
pasamos diciendo que eso nos parecía una mierda. Me pasaba los fines de
semana gimoteando porque los carnívoros me pegaban. Así era mi vida.
Tus primeros dos libros describían una época similar pero trataban
aspectos distintos de la escena punk. ¿Había algún conflicto entre los
crust y los punks?
La verdad es que no. Existía la rivalidad típica entre Crass y Special
Duties y Conflict estaban todo el día criticando a The Exploited. Había
algunos anarcos muy heavies que no disfrutaban escuchando a The Test
Tube Babies o a Anti-Nowhere League, pero la mayoría de nosotros les
gustábamos. No podías estar escuchando a The Mob todo el día –acabaría
empalagándote– así que la clave era alternarlo con Partisans o Chron
Gen.
¿Qué grupo siguió tocando, de cualquier época que hayas cubierto?
Desgraciadamente, los grupos de Estados Unidos fracasan cuando tienen
que tocar en Inglaterra. Mis grupos favoritos en directo eran TSOL,
Agent Orange y The Adolescents. The Damned—no aparecen en mis libros
pero se ha hablado de ellos hasta el infinito en otros– siempre eran
sensacionales y no muchos grupos pueden alcanzar el nivel de Killing
Joke. En realidad, superan a cualquiera, incluso a esos grupos de
Estados Unidos. Amebix y Antisect estaban cerca de ser una experiencia
religiosa en esa época y creo que nunca he estado en un mal concierto de
The Subhumans. Y eso que los he visto muchas veces.
¿Te arrepientes de no haber asistido a algún concierto en esa época?
A varios, pero el que más me dolió no fue un concierto punk sino un
concierto de trash: Vovoid, Possessed y English Dogs en la Electric
Ballroom en 1986. También hubiera estado bien haber visto a Crucifix en
su gira por Inglaterra.
¿Sobre qué vas a escribir tu próximo libro? ¿Sobre el punk en Inglaterra de los 90?
Sí, ¿cómo lo sabes? ¿He vuelto a hablar en sueños?