Ramones: Dee Dee, el chico malo
16 febrero 2016
Autor:SARA MORALES
“Cuando empezó a formar parte del grupo, Dee Dee ya
coleccionaba cierta crudeza vital fruto de una niñez errante junto a su
familia”
Tan creativo como infeliz, Dee Dee Ramone está considerado
como uno de los mejores letristas del punk rock. Sara Morales se adentra
en su figura para explicar quién era el bajista, vocalista y compositor
Douglas Glenn Colvin.
Texto: SARA MORALES.
Siempre fue el más creativo de la banda de Queens, también el más
infeliz. Su profunda adicción a las drogas desde la adolescencia le
encaminó hacia una personalidad maníaco-depresiva, centrando en la
paranoia y en el inconformismo el rol que desempeñó como bajista de los
Ramones. Eterno solitario e incomprendido, de sus experiencias reales y
devenires mentales extrajo casi la mitad del repertorio conceptual e
instrumental del grupo. Y es que, para cuando empezó a formar parte de
él, Dee Dee ya coleccionaba en su haber cierta crudeza vital fruto de
una niñez errante junto a su familia, que le marcaría a lo largo de su
trayectoria y que, de una manera u otra, trascendería a su papel como
Ramone.
Nació en Virginia como Douglas Glenn Colvin, el 18 de septiembre de
1952, en un entorno militar. Su padre, oficial del Ejército y
alcohólico, arrastró a toda su familia a una larga carrera de malos
tratos e incesantes traslados y mudanzas por buena parte del mundo, sin
asentamiento fijo, propiciando el espíritu nómada del pequeño Doug que
no logró hacer amigos ni sentirse nunca de ningún lugar. Los años más
significativos en la infancia de Dee Dee corresponden a la etapa
familiar en Alemania, entre Berlín y Munich, donde envuelto en el
ambiente de posguerra, pobreza y austeridad comenzó a desarrollar cierto
interés por la parafernalia de combate y la historia del fascismo. Una
atracción que, llevada hasta los límites de la provocación, acabó
reflejando en muchas de las letras que compuso para los Ramones,
destacando por encima de todas ellas la imperecedera ‘Commando’ de
“Leave home”, el segundo disco de la banda publicado en 1977, y las
influencias germánicas de ‘It’s a long way back’ en el álbum “Road tu
ruin” de 1978.
Un ermitaño antisocial
Una vez de vuelta a Estados Unidos con su madre y su hermana, tras la
separación de sus padres, y en lo que parecía por fin el inicio de una
vida normal de chico de instituto, Dee Dee continuó sin encontrar su
sitio. Su pasado europeo y su carácter introvertido, a consecuencia de
varias crisis de identidad y los problemas arrastrados por las
constantes peleas en el seno familiar, le complicaron la relación con
sus nuevos compañeros y acabó buscando refugio en el rock and roll a
través de la radio (influido por el gusto de su madre hacia Bill Halley y
Elvis), los cómics y las películas de terror. En aquellos días, se
bautizó a sí mismo con el pseudónimo de “Dee Dee”, un nombre para el que
nunca supo dar una explicación concreta, y se convirtió en fan de los
Beatles, de ahí el corte de pelo que luciría al igual que Johnny durante
los primeros años de la banda. Todavía víctima de ese vacío existencial
que le perseguiría durante toda su vida, encontró una salida en el
coqueteo con los estupefacientes, y lo que comenzó como una travesura
esnifando pegamento tras el edificio de su casa en Forest Hills, acabó
costándole la vida por una sobredosis de heroína el 5 de junio del año
2002.
Su juventud de bicho raro antisocial le llevó a habitar en el
submundo neoyorquino entre trapicheos, peleas y delitos de poca monta; y
aunque trabajaba ocasionalmente como peluquero o empleado de Correos,
su incipiente adicción al caballo le llevó a prostituirse en repetidas
ocasiones para costearse las dosis. Esta etapa plagada de drogas y
abusos terminaría convirtiéndose en una de sus musas más recurrente una
vez dentro de los Ramones, y de aquello han quedado para la posteridad
temas como ‘Chinese rock’, la autobiográfica ’53rd & 3rd’ en la que
narra sus experiencias como chapero en la intersección de esas dos
calles para conseguir dinero o las, algo menos corrosivas, ‘Now I wanna
sniff some glue’, ‘Why is it always this way?’ y ‘I wanna be well’.
También fueron años en los que descubrió la música de los Stooges,
frecuentaba conciertos y se lanzó, en un intento fallido, a montar su
propia banda, Satyricon. Llegó a convertirse en un habitual de la escena
subterránea de clubes en Nueva York, en alguna ocasión, coincidió de
borrachera con un también desvalido Joey; aquel tipo alto y desgarbado,
que era su vecino de bloque, y que terminaría proponiéndole unirse a la
banda que estaba montando con un tal Johnny.
Las ideas de un demente
Desde el primer momento Dee Dee asumió la composición de las letras y
la música en los Ramones, una labor compartida con Joey y a través de
la cual desahogaba su doliente perspectiva de la decadencia social, en
una serie de himnos urbanos centralizados en el caos y la decepción. La
violencia, el sexo, el aburrimiento, la incomprensión y la rutina
callejera fueron, junto a las drogas y las reminiscencias militares, las
grandes aludidas en su obra creativa.
También asumió sin complejos el papel de bajista, aunque sus
conocimientos sobre el instrumento eran nulos y aprendiera a defenderse
con él sobre la marcha. Cabe recordar que la música de los Ramones, en
esa búsqueda por rescatar el rock and roll más primitivo, el sonido surf
y el garage de los sesenta, huía de ornamentos y virtuosismo en una
clara apuesta por la sencillez y los métodos minimalistas. Ninguno de
ellos, a excepción de Tommy el batería, quien se uniría a la banda algo
más tarde, poseía habilidades técnicas para la música. Sin embargo, fue
su actitud arrolladora y su empatía con las clases más desfavorecidas,
en una constante oda a la cultura pop a través de letras concisas,
directas, contagiosas e incluso bobaliconas, las que los encumbraron a
la cima del reconocimiento. Unos parámetros en los que Dee Dee siempre
insistió desde el núcleo seminal de la banda, del mismo modo que propuso
la idea de una indumentaria común para todos ellos con la que perseguir
una imagen unitaria y familiar; como una banda, como una tribu. Cuando
llevar cazadora de cuero era símil de delincuencia en Nueva York,
apostaron por lucirlas, en un alarde más de su rebeldía. Y las
zapatillas deportivas, las camisetas sencillas y los pantalones roídos
no fueron más que otra demostración a conciencia de ser una banda sin
pretensiones, humilde y muy alejada del glamour que proyectaban los
grandes artistas cobijados bajo el abrazo de gloriosas discográficas.
Para Dee Dee empezar a formar parte de los Ramones fue en mucho
tiempo lo más parecido a tener una familia. “No tuvimos ningún tipo de
orientación por parte de nuestros padres”, llegó a declarar una vez. Y
aunque su carácter era visceral y siempre se posicionaba del lado de la
polémica, fue en muchas ocasiones el bálsamo de paz en las constantes
guerras personales entre Joey y Johnny que tanto debilitaron al grupo
con el transcurso de los años, y a él mismo, en su papel de
intermediario.
Padre conceptual del punk rock
Durante toda la meteórica carrera musical que los Ramones iniciaron
desde la calle en 1974, Dee Dee asistió a su particular tormento entre
etapas de adicción y de abstinencia, sumadas al trastorno bipolar que
sufría y un sinfín de relaciones tóxicas con su novia Connie como
protagonista. Mientras el resto de miembros empezaban a asimilar su
papel de promesas del rock, el más joven de “los hermanos” se hundía
cada vez más en sus problemas. Un lastre que no consiguió soltar jamás, a
pesar de que Vera (su primera mujer) fuera complaciente con él, o
personajes icónicos como Sid Vicious vieran en su figura la de un ídolo
al que imitar y tomar como referente.
La realidad es que de los cuatro Ramones, siempre fue el que mayor
fidelidad profesó a la conciencia subversiva de sus orígenes, y ni
siquiera se dejó impresionar por Phil Spector —aquel excéntrico gurú de
la producción— cuando decidió empezar a trabajar con ellos en “End of
the century”, su sexto álbum. Dee Dee fue también quien apostó por
cierto acercamiento a la escena hardcore con el disco “Subterranean
jungle” de 1983 en el que destaca su brillante ‘Psychotherapy’, también
puso voz en dos temas del “Too tough to die” (1984) y como el más
prolífico de la banda, el sesenta por ciento de las canciones corrieron
de su cuenta durante toda su carrera.
Hastiado de la rutina de carretera y las malas relaciones entre los
miembros del grupo, enganchado a los antidepresivos y tras varias
estancias en hospitales y psiquiátricos, en julio de 1989, tras el
último concierto de la gira de “Brain drain”, álbum que contiene uno de
sus grandes temas —’Pet Sematary’— anunció su retirada.
Nunca llegó a desprenderse del todo de la banda, y desde su “exilio”
todavía escribiría algunos de sus himnos más inolvidables como ‘Poison
heart’ o ‘Main man’. Mientras tanto, en un atisbo de locura individual, y
en solitario, llegó incluso a publicar un álbum de rap en una especie
de incursión en la escena hip hop bajo el nombre de DeeDee King, con el
que solo consiguió la burla de sus compañeros y de la crítica.
Tras varios años deambulando por París, Ámsterdam y Buenos Aires,
donde conoció a su segunda mujer, reapareció en el último concierto de
los Ramones el 6 de agosto en 1996 en el Hollywood Place de Los Ángeles
al que fue invitado, en la que sería la última noche del grupo. Aunque
él, con la creación de ‘Born to die in Berlin’ del disco “¡Adiós
amigos!” de 1995, consideraba que ya se había despedido de su público.
Esta fue su última canción, ubicada en último lugar del tracklist de
este álbum que fue el último publicado por los Ramones. Todo un símbolo
hecho palabras con las que cerró el círculo de la leyenda, entre los
renglones de una historia que, con el paso de los años le reconoció como
el gran letrista del punk rock.
Fuente: http://www.efeeme.com